La iglesia del Dios viviente es el cuerpo del Mesías Yeshúa y Su novia, la cual es Israel
Las corporaciones estatales y religiosas de los hombres no tienen autoridad ni poder sobre la iglesia del Cristo, pues la iglesia es el cuerpo espiritual del mismo Salvador y todo es nuestro (1 Corintios 3:21-23), incluso juzgaremos al mundo y a los ángeles (1 Corintios 6:2-3). Vivimos en el mundo, pero no somos del mundo (Juan 17:14-16), pues nuestra ciudadanía está en los cielos (Filipenses 3:20).
La iglesia, cuya palabra sólo determina un propósito y toma nombre del término griego ekklesía el cual es usado para designar una asamblea, una congregación, o una convocación de "llamados afuera" tanto en ámbitos políticos como sociales, hace referencia en El Cristo a la reunión de los hijos del Dios viviente, la cual es columna y baluarte de la verdad (1 Timoteo 3:15) y es establecida en el Espíritu del Padre y del Hijo, llamados por Yehováh de los Ejércitos para ser Santos como Él es Santo (1 Pedro 1:16). Así, los hijos de El Elyon, quien es Dios el Altísimo, somos llamados a vivir alabándole, edificándonos y exhortándonos en Su Espíritu y Palabra (Colosenses 3:16), apartando nuestros deseos del mundo y sus pasiones carnales tales como el ego, la avaricia, el amor al dinero y al poder (1 Timoteo 6:10), la envidia, la ira, la idolatría a dioses falsos y a los hombres (Éxodo 20:3), los belicismos, las enemistades, las mentiras maliciosas y las hipocresías (Tito 3:3), el homosexualismo, las fornicaciones, el machismo, el feminismo, los celos enfermizos, el consumo de drogas, las borracheras, la violencia, los rencores, etc. (Gálatas 5:16-21; 1 Corintios 6:9-10).
Además, aquellos que formamos parte de la iglesia o la ekklesía de Dios, somos el Israel de Yehováh Elohim, el cual no está formado únicamente en la carne por el remanente étnico proveniente de los patriarcas israelitas que tienen su fe puesta en Yehoshúa, sino que está formado también en Espíritu y verdad (Juan 4:21-24) por los gentiles que hemos creído en el Salvador prometido de Israel y que nos convertimos a Él, siendo injertados del olivo silvestre al natural (Romanos 11:17-24). Pues Jesús vino a por los Suyos, pero los Suyos no lo recibieron, sin embargo, a todos los que creemos en Su Nombre, nos hizo ser hijos de Dios mediante Él (Juan 1:11-12).
La salvación viene de los judíos (Juan 4:22), concretamente del León de Judá (Apocalipsis 5:2-9), pero no es judío el que lo es en la carne, sino el que es circuncidado en el Espíritu del Cristo, en Espíritu y verdad por Yehováh (Romanos 2:28-29). De esa manera, no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendencia de Abraham son todos hijos, sino que en Isaac será llamada la descendencia; es decir, a través de la promesa (Romanos 9:6-8). Y por tanto, quienes creemos en Yehoshúa, el verdadero Dios y la vida eterna (1 Juan 5:20), tenemos como padre a Abraham, el padre de la fe (Gálatas 3:7; Romanos 4:11-12) y por el cual son benditas todas las naciones de la tierra (Génesis 12:3) si se arrepienten de sus pecados ante el Salvador y creen en Él (Gálatas 3:26-29).
Por consiguiente, allá donde estemos reunidos dos más en el nombre de Jesús como familia en Él, para edificación mutua en el amor, la palabra y El Espíritu de Dios en todos los aspectos de nuestra vida, somos la iglesia o el llamado Israel de Dios: es decir, el que lucha con Él (Mateo 18:20).
Así que, el pueblo de Israel no es el pueblo terrenal que está asentado en la tierra prometida, si bien allí hay un remanente del Israel étnico que tienen fe en El Cristo Jesús y Él tiene un propósito con dicha tierra y Sus fieles, en el pasado, ahora y en el futuro (Isaías 10:20-22; Romanos 9:27, 11:5). Pero el nuevo hombre es el nuevo Israel, el cual está formado por israelitas étnicos que tienen su fe puesta en Yehoshúa, su Mesías prometido, y por paganos que somos convertidos a Él, al Mesías de Israel (Efesios 2:14-15).
Podemos leer en Las Sagradas Escrituras el siguiente versículo para verificar que la palabra iglesia sólo designa a una asamblea que, en relación a nuestro caso, es la reunión de los Hijos de Dios. La cual se daba tanto en los tiempos del Viejo Pacto, como en el tiempo de hoy bajo el Nuevo Pacto en la sangre del Cristo:
"Este mismo Moisés estuvo en la asamblea (en griego: ekklesía; dícese iglesia) en el desierto, con el ángel que le habló en el monte Sinaí, y con nuestros antepasados. Fue también él quien recibió palabras de vida para comunicárnoslas a nosotros." (Hechos 7:38).
Si bien todos los creyentes en Yeshúa somos muchos, Él sólo tiene una novia, no dos, ni tres prometidas o futuras esposas (Apocalipsis 19:7-9). Es una falsedad decir que hay dos pueblos: uno la iglesia y otro el Israel carnal que procede de las doce tribus (Efesios 2:14-16). Sólo hay un pueblo de Dios (Juan 17:21-23) y aunque Él bendice y da la herencia a todo aquél que cree en Su Evangelio, todos los creyentes en Jesús somos parte de la nación Santa de Dios, la cual es Israel (Efesios 2:12-13) y está formada por israelitas étnicos que creen en Jesús como por nosotros, antiguos gentiles convertidos en israelitas al creer en El Cristo. De hecho, a la nueva Jerusalén sólo se entra a través de doce puertas que tienen los nombres de los patriarcas de las tribus de Israel (Apocalipsis 21:12).
Leed La Biblia y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres de pecados, de mentiras y falsedades doctrinales (Juan 8:32).

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