Ir al contenido principal

La revelación del número cinco a través de la letra "Hei"


La revelación del número cinco a través de la letra "Hei"

En la sabiduría de Dios, Él eligió darnos a través del alfabeto hebreo una riqueza espiritual a través de sus letras y palabras que va más allá de lo que cualquier hombre pudiera imaginar.

En este contexto, hoy día vamos a estudiar lo que la letra Hei (ה) nos transmite a través de su valor numérico, el cual es el cinco.

La relación entre el significado de la letra Hei y su valor numérico no es pura coincidencia, sino que es fruto de un trabajo impresionante que sólo proviene de Jehová.

El cinco se relaciona con la vida, el favor y la revelación divina, y en hebreo dicho número puede expresarse de de dos maneras: חָמֵשׁ (Jamés) para lo femenino y חֲמִשָׁה (Jamishá) para lo masculino; revelando que la creación misma, en su dualidad, está impregnada de este designio.

Este número también representa la utilidad y la totalidad de los sentidos y, dicho de manera hermosa, evocadora y espiritual, podríamos decir que la vista contempla la gloria de Dios, el oído escucha la voz del Altísimo, el olfato percibe el aroma de Su presencia, el gusto prueba de Su bondad y el tacto busca Su cercanía.

Esto también nos revela que Elohim Yehováh no se conforma con un asentimiento intelectual; Él anhela ser conocido en la experiencia vívida de todo nuestro ser a través de nuestra relación directa con Él a través de Su amado Hijo Jesucristo.

Cuando en el espíritu de Dios le buscamos y anhelamos, viviendo en Su presencia diaria, podemos decir como Job tras su prueba: "De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven" (Job 42:5).
Esto nos indica que debemos de buscar al Señor con todo nuestro ser para conocerlo verdaderamente y disfrutar de una auténtica relación, viva, eficaz, edificante, sentida y cercana.

En esta relación entre Padre e Hijo que tenemos a través de nuestros sentidos y por Su espíritu en nosotros, tenemos también que, físicamente, nuestras propias manos y sus cinco nos dan el poder de obrar con destreza y propósito.

En nuestros pies, los cinco dedos nos permiten caminar con estabilidad y equilibrio, dándonos la habilidad de maniobrar sobre la marcha para avanzar en terrenos sencillos y también complicados.

Siendo parte del Cuerpo de Yeshúa, a través de nuestros cinco sentidos y nuestros dos miembros superiores y los dos inferiores, con sus cinco dedos en cada mano y cada pie, somos llamados a actuar y avanzar diariamente en la firmeza y la instrucción que da su Palabra y Su espíritu en nosotros.

EL QUINTO LIBRO: DEUTERONOMIO

El quinto libro de la Torá, Deuteronomio, es conocido en hebreo como Devarim (דְּבָרִים), que significa "Palabras" y "Asuntos". Es el libro del discurso, del resumen y de la repetición de la ley para una nueva generación. Su poder es tal que cuando Jesús confrontó al adversario en el desierto, cada "Escrito está" que pronunció fue extraído de este libro (Mateo 4:4-10). Deuteronomio es la punta de la espada del Espíritu que derriba argumentos y toda altivez y mentiras que se levantan contra el conocimiento de Dios (2 Corintios 10:4-5).

EL SIGNIFICADO DE LAS CINCO OFRENDAS

Además de todo lo anterior, en el libro de Levítico encontramos cinco tipos principales de ofrendas (Levítico 1-7), cada una describiendo una faceta de nuestra relación con el Eterno y delineando proféticamente la obra perfecta del Mesías:

Holocausto (Olah): Ofrenda voluntaria que era consumida por completo en el altar. Simboliza la entrega total, la rendición sin reservas y la dedicación absoluta a Dios. Es el alma, nuestro ser, que arde en el fuego del espíritu hacia su Creador.

Ofrenda de Grano (Minjá): Ofrenda voluntaria de harina fina, aceite e incienso, sin levadura. Es el fruto de nuestro trabajo, la gratitud por el sustento diario, reconociendo que de Su mano viene toda provisión.

Ofrenda de Paz (Shelamim): Ofrenda voluntaria de comunión y acción de gracias. Era un banquete compartido: una parte para Dios en el fuego, otra para el sacerdote, y el resto era un festín de alegría para el oferente y sus seres queridos. Habla de la reconciliación y la mesa compartida con el Padre.

Ofrenda por el Pecado (Jatat): Ofrenda obligatoria para expiar los errores o las impurezas rituales. Reconocía que el pecado, o el error diario con el cual no acertamos en el blanco de la Torá de Elohim, incluso el no intencional, interrumpe nuestra comunión con Él y requiere un sacrificio para ser limpiado.

Ofrenda por la Culpa (Asham): Ofrenda obligatoria para reparar ofensas específicas contra Dios o contra el prójimo. Tenía un componente de justicia restauradora: exigía confesar la falta, pagar una restitución completa y añadir una quinta parte, antes de presentar el sacrificio.

Estas ofrendas eran el camino dispuesto por Yehováh Elohim para reparar la relación.
Hoy, miramos a Yeshúa, el Cordero perfecto del Padre, en quien todas estas ofrendas encuentran su cumplimiento final y eterno. Él es nuestro Holocausto (entrega total), nuestro Pan de vida (Minjá), nuestra Paz (Shelamim), nuestra Expiación (Jatat) y nuestra Reparación (Asham). Esas cinco ofrendas están selladas en Él.

EL MILAGRO DE LA PROVISIÓN: LOS CINCO PANES Y LOS DOS PECES

El simbolismo y significado espiritual del número cinco también se revela en un evento milagroso narrado en el Evangelio de Juan. Yeshúa alimentó a una multitud de cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños, con tan solo cinco panes de cebada y dos peces.
Dice el texto: "Cuando fueron saciados, dijo a sus discípulos: 'Recojan los pedazos que han quedado para que no se pierda nada'. Recogieron, pues, y llenaron doce canastas de pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido" (Juan 6:12-13).

Cada detalle aquí es una lección sublime. Sabemos que ocurrió en primavera, porque la cebada es el primer grano en cosecharse. Es el tiempo de las primicias, de la Pascua o el Pésaj, y del inicio de la cuenta hacia Shavuot. En los eventos narrados en el Antiguo Pacto, fue en ese mismo tiempo cuando Rut y Noemí llegaron a Belén "al comienzo de la siega de la cebada" (Rut 1:22). Por lo tanto, este milagro sucede en el camino espiritual que va de la redención (Pascua) a la revelación de la Torá (Shavuot). Y la Torá, como nos recuerda el Maestro, es nuestro sustento: "No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mateo 4:4).

La multitud no solo comió, sino que fue saciada. Dios no escatima; derrama su bendición hasta que rebosa. Yeshúa es la Torá viviente, el Pan de Vida que desciende del cielo. Él mismo declara: "Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre" (Yohanán 6:35). Y luego añade: "Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo" (Juan 6:51).

Jesucristo prefirió que sobrara a que faltara. Pero ordenó recoger las sobras. ¿Por qué? Porque el pan de Dios, su Palabra, no puede ser desperdiciada. "Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para la cual la envié" (Isaías 55:11). Somos administradores de un tesoro sagrado que no debe ser pisoteado.

Las doce canastas llenas que sobraron representan a las doce tribus de Israel. El mensaje es claro: lo que comenzó con un remanente que comió aquel día, estaba destinado a ser reserva y alimento para todo el pueblo de Dios a lo largo de la historia. Todos nosotros, los dispersos, hemos venido a saciarnos con este mismo Pan.

Y ahora, el misterio más profundo:

· Los 5 panes representan los cinco libros de la Torá, el fundamento del cual se desprenden todos los demás libros de la Escritura.
· Los 2 peces nos hablan de las dos casas de Israel: Judá y Efraín (las casas reunidas). Pero el término "pez" en hebreo es Dag (דָּג). Y en la bendición de Jacob sobre los hijos de José, Efraín y Manasés, encontramos una promesa asombrosa: "El Ángel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jóvenes; y sea perpetuado en ellos mi nombre, y el nombre de mis padres Abraham e Isaac, y multiplíquense en gran manera en medio de la tierra" (Génesis 48:16).

La palabra "multiplíquense" aquí es Veyidgu (וְיִדְגּוּ), que proviene de la misma raíz que Dag (pez), y significa literalmente "que proliferen como peces".
Los peces, por tanto, simbolizan la promesa a Abraham de una descendencia incontable como las estrellas del cielo y la arena del mar (Génesis 22:17): la multitud de personas de todas las naciones que serían injertadas y vendrían a ser parte del pueblo de Dios.

EL CORAZÓN DEL MAESTRO

Finalmente, no podemos perder de vista el corazón de nuestro amado Señor Jesús. A él le dolía que aquella gente, que había dejado sus casas, sus negocios y su comodidad, y había recorrido largas distancias con sus mujeres y niños para escucharle, se fuera con el estómago vacío. Él notó el esfuerzo, el sacrificio y las largas horas que llevaban junto a él.

Esto nos revela algo esencial: Dios siempre está al tanto del sacrificio que hacemos para buscarlo. Él ve cada paso, cada renuncia, cada hora dedicada a estar en su presencia. Y su promesa es firme: nunca nos dejará ir con las manos vacías. Él mismo se entrega para que seamos saciados.

Lo primero que hizo fue bendecir y agradecer, enseñándonos que la gratitud es la llave que abre las compuertas del cielo. Y nos invita a hacer lo mismo: compartir nuestro pan, nuestro testimonio y nuestra vida con el hambriento, no solo el que físicamente tiene hambre, sino con todo aquel que busca un sentido, una esperanza y un Salvador para su vida.

Porque Él es el Pan de Vida, y el que viene a él jamás tendrá hambre y tampoco tendrá sed, porque de su interior correrán ríos de agua de vida que saltarán a la vida de la era venidera (Juan 7:38), a esa vida eterna que recibimos por el favor inmerecido de Dios para con nosotros, una vez nos rendimos a Él en amor y gratitud, siguiendo a nuestro Salvador a diario.

Shalom.
Gracia y paz en nuestro Dios y en nuestro Señor Yeshúa el Cristo.

Comentarios