Lo que la Biblia realmente dice sobre la honra (y lo que no)
Se ha construido toda una cultura doctrinal alrededor de la honra pastoral. Predicaciones completas, series de enseñanzas, conferencias y libros enseñando que debes "honrar" a tu pastor, a tu apóstol, a tu padre espiritual. Y si alguien se atreve a cuestionar algo, la respuesta suele ser: "Es que tú eres un rebelde"; o peor aún: "Quién eres tú para contradecir al ungido".
Pero cuando uno se acerca a las Escrituras con honestidad, lo que encuentra es radicalmente diferente a lo que se predica en muchos púlpitos.
No porque la Biblia niegue el valor del liderazgo espiritual, sino porque redefine completamente lo que significa honrar y a quién se debe honrar.
Este texto no es un ataque a los hermanos que guían, enseñan y exhortan a los demás. Es un llamado a examinar nuestras prácticas a la luz de la Palabra. Y como veremos, los hermanos que sirven con integridad son los más beneficiados cuando entendemos correctamente qué es la honra bíblica.
¿Qué significa realmente “honra” en la Biblia?
La palabra griega que se traduce como "honra" es timé (τιμή).
Su significado fundamental es: valor, estima, respeto, precio asignado a algo o alguien. En definitiva, honrar a alguien es reconocer su valor intrínseco o el valor de su trabajo y carácter.
Esto es importante porque la palabra no implica por sí misma sumisión incondicional, obediencia ciega, ni una estructura jerárquica donde unos son superiores a otros. Es, ante todo, un reconocimiento.
Un principio radical que muchos pasan por alto es que el Nuevo Pacto establece la honra como un principio recíproco y universal. No es un privilegio de una clase ministerial. Romanos 12:10 lo expresa con claridad absoluta: "Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros." La misma palabra, timé. Pero Pablo la hace mutua. No dice "los miembros honren al pastor". Dice "los unos a los otros". Esto incluye al pastor honrando al miembro más nuevo, al líder honrando al servidor, al que lleva décadas en la fe honrando al que acaba de llegar.
1 Pedro 2:17 lo simplifica aún más: "Honrad a todos." No hay excepciones. No dice "honrad al pastor y luego ya veremos". Dice a todos.
La honra en el Reino de Dios no es un escalafón; es la atmósfera normal de la comunidad en el Cristo.
Incluso Efesios 5:21 establece el principio de la reciprocidad en las relaciones entre hermanos: "Someteos los unos a los otros en el temor de Dios."
Si la honra y la sujeción son mutuas, entonces cualquier enseñanza que haga fluir la honra en una sola dirección (de abajo hacia arriba) está ignorando la estructura relacional que Yehováh nos enseña a través del Mesías Yeshúa.
Uno de los textos favoritos de muchos es 1ª Timoteo 5:17, que dice: "Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar." Pero al examinar este texto con cuidado, descubrimos que dice algo muy diferente a lo que comúnmente se predica.
Primero: "Los que gobiernan BIEN" En español, "gobernar" suena a mandar, dar órdenes, ejercer autoridad desde una posición superior. Pero la palabra griega es proestōtes (προεστῶτες), participio del verbo proistēmi, que literalmente significa "los que están al frente", "los que van delante", "los que se preocupan por" o "los que cuidan"; vamos, los que tiran de los demás y llevan la responsabilidad y el cuidado de los demás.
Es la imagen de alguien que lidera yendo primero, abriendo camino, dando ejemplo. No es la imagen de alguien que manda desde un escritorio, o desde un púlpito, y es reverenciado y alabado como jefe y señor por ello. El hermano que pastorea es el líder que camina delante de las ovejas, no el que las arrea desde atrás con un garrote mientras pide sumisión y obediencia ciega.
Aparte de esto, la palabra "bien" del mismo versículo 17 de 1ª Timoteo es kalōs (καλῶς), que se traduce: "de manera hermosa", "excelente", "noble". Pablo no está hablando de alguien que manda con eficiencia o que tiene un gran carisma. Está hablando de alguien que lidera con excelencia de carácter, con una vida que merece ser imitada.
El versículo 18 del mismo texto aclara inmediatamente de qué tipo de "honor" está hablando: "Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: El obrero es digno de su salario." Pablo está vinculando el "doble honor" con el sustento material. El anciano que trabaja fielmente en la predicación y la enseñanza debe ser sostenido por los hermanos.
Esto es consistente con Gálatas 6:6: "El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye." Lo mismo que enseña 1ª Corintios 9:14: "Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio."
La "doble honra" no es un cheque en blanco para exigir reverencia, lujos o privilegios especiales. Es la instrucción de que la iglesia debe proveer para las necesidades de quienes dedican su vida a servir a la comunidad con su esfuerzo, tesón y ejemplo.
¿Estás honrando verdaderamente...?
¿Estás honrando verdaderamente a tus hermanos?
¿Estás honrando verdaderamente a quiénes se preocupan por ti, te dirigen a pastos verdes y te dan comida sólida en el Señor?
¿Estás honrando verdaderamente a quienes están confiando en ti y te siguen como pastor que cuida del rebaño de Dios?
Y ahora, continuemos con algo que desmantela completamente la cultura de la honra y la sujeción unidireccional.
Reprensión y rendición de cuentas (1ª Timoteo 5:19-20)
Inmediatamente después de hablar de "doble honor", Pablo escribe: "Contra un anciano no admitas acusación sino con dos o tres testigos. A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman." (1ª Timoteo 5:19-20) El mismo Pablo que habla del "doble honor" a los ancianos que dirigen bien, también habla de la "reprensión pública" de los mismos si persisten en caminar erradamente. La idea de que honrar al pastor significa que nunca puede ser cuestionado, o señalado, sin pedirle cuentas y sin exponerlo, aunque peque (yerre) y no quiera reconocerlo y cambiar, no sobrevive ni cinco versículos en el texto bíblico.
La protección procesal (dos o tres testigos) existe, pero la posibilidad de reprensión pública también existe. El liderazgo no es una zona de inmunidad. Es una posición de mayor responsabilidad y mayor escrutinio.
Hebreos 13:17 — “Obedeced” como confianza persuadida (peithesthe)
Otro texto clave que se utiliza para construir una cultura de sumisión incuestionable es Hebreos 13:17: "Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso." Aquí hay un matiz crucial que se pierde en la traducción, el correcto significado de la palabra "obedeced". La palabra griega que se usa aquí no es hypakouō (ὑπακούω), que es el término común para obediencia a una autoridad (como en Efesios 6:1, "Hijos, obedeced a vuestros padres").
La palabra que usa el autor de Hebreos es peithesthe (πείθεσθε), del verbo peithō. Peithō significa: persuadir, ganarse la confianza de alguien, convencer. En su forma pasiva (peithesthe), significa "dejarse persuadir", "confiar en", "seguir por convicción". No es una obediencia militar o ciega. Es una respuesta que nace de la confianza en alguien que te ha convencido con su ejemplo, su enseñanza y su testimonio vivo. Es seguirle porque quieres, no porque tienes que hacerlo.
Pablo podría haber usado hypakouō si quisiera transmitir obediencia incondicional. Pero no lo hizo. Eligió cuidadosamente una palabra que implica relación, confianza y persuasión mutua.
El texto también dice: "porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta". Esto significa que los líderes son responsables delante de Dios por cómo cuidan a la iglesia. No significa que la iglesia no pueda cuestionarles si hacen algo mal, o si necesitan dirección en algún momento. Tampoco significa que los pastores no deben y no pueden recibir consejos y enseñanzas de provecho de parte de otros hermanos. Este versículo habla de que los líderes tienen la responsabilidad de liderar con integridad, sabiendo que darán cuentas. Y la última parte es clave: "para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso". Cuando los líderes lideran bien y la asamblea del Mesías responde con confianza, hay gozo mutuo y eso se nota. Cuando los líderes son difíciles de seguir, no son afables, cariñosos, bondadosos y serviciales, o la misma iglesia se resiste a un buen liderazgo, todos pierden.
1ª Tesalonicenses 5:12-13 — Honra por la obra, no por el título
Continuamos con 1ª Tesalonicenses 5:12-13, que dice así:
"Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima a causa de su obra."
El texto no dice "a causa de su título". No dice "a causa de su unción". No dice "a causa de su posición". Dice a causa de su obra.
La honra se gana con servicio, no se exige con título. Se basa en el trabajo fiel, no en el rango dentro de la congregación. Cuando Pablo habla de reconocer a los líderes, inmediatamente los describe con verbos de acción: trabajan entre vosotros, os presiden, os amonestan. El liderazgo es funcional y operativo.
El modelo de Jesús (Mateo 20:25-28; Juan 13; Filipenses 2:3-8)
Jesús mismo estableció el modelo radicalmente opuesto a las jerarquías religiosas de su tiempo (y del nuestro): "Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos." (Mateo 20:25-28)
En el Reino, la honra no va hacia arriba, sino que va de arriba hacia abajo. No fluye hacia el que tiene posición. Fluye hacia el que sirve. La grandeza no se mide por cuántos te sirven a ti, sino por cuántos sirves tú. Y Jesús no solo lo enseñó; lo modeló. Lavó los pies de sus discípulos, algo que ningún rabino hacía. Y luego dijo: "Ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis" (Juan 13:15). Filipenses 2:3-8 lo confirma: "Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual... se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo."
El modelo del Reino es la humildad que sirve, no la posición que exige.
Señales de desviación en la “cultura de honra”
Cuando un sistema de "honra pastoral" se desvía de las Escrituras, suelen aparecer estas señales:
Unidireccionalidad.
La honra fluye solo de abajo hacia arriba. Los miembros deben honrar al pastor, pero el pastor no honra activamente a los miembros. Esto contradice Romanos 12:10 y Efesios 5:21, entre otros textos.Exigencia, no reconocimiento.
La honra se exige desde el púlpito, se enseña como una "revelación" que algunos no entienden, y se espera como un derecho. Pero la verdadera honra no necesita exigirse. Cuando un líder sirve con integridad, la honra fluye naturalmente de abajo hacia arriba, como en todas direcciones.Inmunidad al cuestionamiento.
Cualquier pregunta, sugerencia o corrección se interpreta como "deshonra" o "tocar al ungido". Pero 1ª Timoteo 5:20 contempla explícitamente la reprensión pública para ancianos que persisten en pecar: es decir, en errar en el camino. La rendición de cuentas es bíblica.Transaccionalidad económica.
Se enseña que "honrar" significa dar ofrendas especiales al pastor, comprarle regalos costosos o financiar su estilo de vida más allá de lo necesario, y que si no lo haces "estás robando a Dios". El diezmo y las ofrendas se redirigen hacia caprichos materiales del líder bajo el paraguas de la "honra". Esto es una clara manipulación que usa mal el lenguaje bíblico.Creación de una élite espiritual.
Se construye una clase especial de "ungidos", "apóstoles" o "padres espirituales" que merecen un trato diferente al resto del pueblo de Dios. Pero 1ª Pedro 2:9 dice que todos los creyentes son "linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios". No hay cristianos de segunda clase. Hay roles que cada cual tiene de parte de Elohim, como don que debe cuidar y compartir con los demás para la mutua edificación.Desequilibrio en el estilo de vida.
Mientras la congregación hace sacrificios, el líder vive con privilegios que no corresponden al modelo de Jesús, quien "no tuvo dónde recostar la cabeza" (Mateo 8:20). Pablo trabajaba con sus manos para no ser carga (Hechos 20:33-35).
Mateo 23 y la denuncia de la hipocresía religiosa
Todas estas cosas se ven reflejadas en las palabras de Yeshúa en Mateo 23.
"En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; y aman los primeros lugares en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y ser llamados por los hombres: Rabí, Rabí." (Mateo 23:2-7)
¿No es esto exactamente lo que vemos cuando se construye una cultura donde el pastor debe ser tratado con reverencia especial, recibir los mejores asientos, ser llamado con títulos especiales, y estar exento de las cargas que otros llevan?
Jesús continúa: "El mayor de vosotros será vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido." (Mateo 23:11-12)
El modelo es claro: la grandeza en el Reino es servir, no ostentar una posición de mando y control en la que quien dirige recibe todo de los demás, mientras los demás no reciben lo que es de justicia y lo que merecen por parte de quien dirige.
A favor de los pastores íntegros (no contra ellos)
Quiero ser absolutamente claro en algo: esta reflexión no es contra los pastores. Es a favor de ellos. Porque los pastores genuinos, los que sirven con integridad, los que lideran con ejemplo y no con título, los que trabajan entre el pueblo y no por encima de él, esos pastores son los más perjudicados por la cultura de la honra distorsionada y unidireccional. Cuando cualquiera puede exigir honra solo por tener un título y un cargo, se devalúa la honra que los verdaderos servidores sí merecen. Cuando se construyen sistemas jerárquicos y, en muchos casos, empresariales, de inmunidad y en una sola dirección, los pastores íntegros son marginados o no tenidos en cuenta por muchos, debido a la manipulación y a que, estos mismos hermanos que dirigen bien, exponen a los otros, pero enseguida son vetados como rebeldes o inadaptados.
Cuando la honra se exige, el verdadero honor que nace del corazón de una congregación agradecida pierde su valor. Defender la honra bíblica es defender a los buenos pastores, no atacarlos.
Debemos reconocer y valorar el trabajo fiel de un hermano que trabaja, predica, enseña, visita, cuida, aconseja, llora con los que lloran y se goza con los que gozan; ese trabajo merece reconocimiento. No porque el pastor lo exija, sino porque la obra lo merece. Una iglesia sana valora a quienes la sirven fielmente. Sostener con generosidad a tales hombres de Dios, también es justo y necesario. Pablo es claro: "El obrero es digno de su salario" (1ª Timoteo 5:18).
Los que dedican su vida a servir en Jesús deben ser sostenidos dignamente para que puedan dedicarse a ello sin angustias. Esto no es un favor; es un fundamento bíblico. La iglesia debe proveer a sus pastores y ancianos.
Hebreos 13:18 dice: "Orad por nosotros". Los líderes también necesitan el respaldo espiritual de la iglesia.
Hebreos 13:7 dice: "Acordaos de vuestros pastores que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe". No imitamos su carisma, su estilo, su personalidad. Imitamos su fe. Y esto implica discernimiento: consideramos el resultado de su conducta para saber si es digna de imitación. Al mismo tiempo, si un líder se equivoca, la Biblia no enseña a callar. Enseña a ir a él con amor, con espíritu de restauración, pero también con honestidad. El silencio cómplice no es honra; es cobardía disfrazada de espiritualidad.
Conclusión: la honra que no se exige, se reconoce
En conclusión, la honra que no necesita exigirse es la verdadera honra. Cuando un líder sirve con integridad, la honra fluye naturalmente. No necesita una predicación de tres puntos para que la gente lo respete. No necesita un curso sobre "la revelación de la honra". Su vida habla. Su servicio convence. Su ejemplo persuade.
Y cuando la honra hay que exigirla, cuando hay que enseñarla como una doctrina que algunos "no entienden", cuando hay que presionar para que fluya, ya dejó de ser honra. Es imposición. El modelo bíblico es radicalmente diferente a lo que se predica en muchos lugares:
- La honra es mutua: pastores honran a miembros, miembros honran a pastores, todos se honran entre sí (Romanos 12:10).
- La honra se basa en el servicio, no en el título, ni en la posición (1 Tesalonicenses 5:12-13).
- La honra incluye rendición de cuentas, no inmunidad (1 Timoteo 5:19-20).
- La honra fluye hacia los que sirven, no hacia los que mandan (Mateo 20:25-28).
- La honra a todos es el estándar, no un privilegio especial para unos pocos (1 Pedro 2:17).
El llamado final de esta exposición es que, si eres pastor, te animo a examinar tu corazón y tu práctica. ¿Exiges honra o la siembras con servicio? ¿Eres accesible al cuestionamiento amoroso o te rodeas de gente que solo te dice lo que quieres oír? ¿Vives de una manera que hace que la honra fluya naturalmente o necesitas recordar constantemente a la gente tu "posición"?
Si eres miembro de una iglesia, te animo a honrar bíblicamente a tus líderes. Valora su trabajo, ora por ellos, sostenlos económicamente con generosidad, y cuando sea necesario, háblales con amor. No los pongas en pedestales donde no debieran estar, pero tampoco los desprecies. Busca el equilibrio de las Escrituras. Porque al final, la honra bíblica no es un sistema de control. Es el aire que respira una comunidad donde todos se consideran mutuamente como superiores, donde todos sirven, donde todos valoran, donde todos crecen juntos hacia la estatura de Jesucristo. Y eso, precisamente eso, es lo que el mundo necesita ver: una comunidad donde el amor y el respeto mutuo son la norma, no porque se exijan, sino porque fluyen naturalmente de corazones transformados por el Evangelio.
Gracia y paz.
Amén.
Comentarios
Publicar un comentario